¿Ha ido demasiado lejos el turismo ´selfie´?

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Fotos de rostros felices, selfies en una montaña, al borde de un edificio, en un restaurante o frente al espejo del baño… las autofotos, más conocidas como selfies, se han convertido en uno de los contenidos más comunes en internet en la última década. Una buena foto y los medios para subirla a redes se ven como una oportunidad de negocio. 

Algunos comparan sus orígenes con los autorretratos en la pintura, que datan de los años 1400 y tienen exponentes ampliamente reconocidos como Vincent van Gogh o Frida Kahlo. Sin embargo, la selfie se acerca más a la posibilidad de capturar una visión en el espejo que a la inspiración creativa de escrutinio profundo que produjo las obras reflexivas del pasado.

En opinión del columnista de El País Vicente Verdú, las selfie es «signo de la actual adoración a la individualidad, el culto al yo y pecados narcisistas por el estilo». El argumento para separar el autorretrato de la selfie es que la segunda no se cuestiona qué aspecto retratar y deja que la máquina lo haga todo.

El ‘boom’

La popularidad de estas imágenes está muy relacionada con el auge de los blogs. En los comienzos del siglo XXI, en sitios como MySpace o Hi5, era bastante frecuente que la foto de perfil de muchos usuarios fuera un retrato frente al espejo.

Pero lo que en realidad masificó la selfie fue la integración de cámaras frontales a los teléfonos móviles. Millones de usuarios recibieron una experiencia mucho más simple. Las primeras cámaras frontales en los celulares, que llegaron en 2003, buscaban facilitar las videoconferencias y las videollamadas. Pronto, los fabricantes descubrieron la importancia de las fotos de fiestas y vacaciones, y se dieron a la tarea de ofrecer más opciones para las selfies.

Además de un aumento constante en el número de megapíxeles de las cámaras frontales, se han unido los flashes duales, los sensores de reconocimiento facial o de sonrisas y las capacidades de inteligencia artificial para acomodar la exposición de luz en una toma o agregar filtros de belleza para la corrección de imperfecciones en el rostro.

Los destinos predilectos

Dado que muchos usan las fotos para celebrar su individualidad y mostrar aspectos destacadas de lo que viven, hoy en día puede bastar una fotografía popular en las redes sociales para que un lugar empiece a posicionarse como destino turístico anhelado.

No es poca cosa. El uso de etiquetas de ubicación en las historias y fotos en Instagram, sumado a un alcance potencial de más de 1.000 millones de usuarios, hace que ser trending conlleve ganancias concretas gracias a jóvenes que eligen qué destino visitar por sus posibilidades ´instagrameables´.

Para Johanne Saget, jefa de la firma The One Consulting, un caso que ilustra el fenómeno es la imagen de un nadador en una espléndida piscina ´infinita´ con unas montañas nevadas de fondo. La escena volvió reconocido al Hotel Villa Honegg, un resort de lujo en Suiza, que hoy se promociona por las selfies en su piscina.

Otros establecimientos como el hotel Grande Bretagne de Atenas, Grecia, han optado por instalar un punto selfie. En la terraza de ese lugar es posible tomar una foto con una vista impresionante de la Acrópolis. Hace unos cinco años, y por un costo de unos 995 euros, el lujoso hotel parisino Mandarin Oriental lanzó un tour de París con un recorrido por los mejores lugares para hacerse una selfie. Otros hoteles como el Desert Springs Resort de California, EE. UU., de la cadena Marriott, prestan palitos selfie a sus clientes.

Sin embargo, no todos los lugares están felices de ser destinos del turismo selfie. En los últimos meses, por ejemplo, el Gobierno de Islandia, a través del sitio web de turismo oficial, propone un trato virtual, que más de 6.000 personas han firmado. Con eso busca comprometer a los turistas con comportamientos responsables.

«Exploraré nuevos lugares y los dejaré como los encontré. Seguiré el camino hacia lo desconocido, pero nunca me aventuraré fuera de la carretera», son algunos de los principios, que atienden a preocupaciones como que conducir fuera de las carreteras o pararse sobre el musgo puedan dañar el medio ambiente.

Otro destino que ha levantado un debate sobre el mundo de la selfie es el museo del campo de concentración de Auschwitz, en Polonia, que atrae a unos 2 millones de visitantes al año. Si bien las fotografías están permitidas, buscando la difusión de la memoria, algunos sectores critican a quienes usan el lugar como un centro de selfies entre amigos.

En algunos casos, los usuarios pueden ser contactados por personal del museo cuando se considera que las fotos en sus redes sociales son inapropiadas.

Otros critican que tras el éxito de la serie de HBO Chernobyl, algunos turistas han visitado la Zona de Exclusión para tomar fotos fuera de contexto, como desnudos eróticos con el fondo de la planta nuclear.

Mostrar lo que se vive

Las selfies extremas también preocupan con contenidos que van desde videos de personas subidas en el borde de un tren en movimiento hasta tomas de ´rooftopping´, desde una antena o el borde del último piso de un rascacielos.

Según una publicación del Journal of Family Medicine and Primary Care en India, las selfies han matado cinco veces más personas que los ataques de tiburón. Entre 2011 y 2017, al menos 259 personas murieron sacándose autorretratos extremos en diferentes lugares del mundo, frente a los 50 fallecidos por ataque de tiburón registrados.

La publicación relata que India, uno de los países de mayor crecimiento en consumo de móviles, con unos 800 millones de celulares, tiene el récord mundial en muertes por selfie en ese periodo de análisis. Donde han muerto unas 159 personas, en su mayoría hombres jóvenes.

Las cifras han lleva a iniciativas como la creación de zonas libres de selfis. La ciudad de Bombay tiene unas 16 ya establecidas.

El estudio encontró que el segundo lugar de mayor cantidad de muertes por selfies fue Rusia, con 16 muertes entre 2011 y 2017. Según el reporte, en 2015, la policía rusa publicó un guía de ´selfis sin peligro´, advirtiendo que «una selfie llamativa puede costarte la vida» y buscando evitar que por encontrar una buena toma, las personas murieran por probar una mina, atropellados por un tren o desde un rascacielos.

Fuente: El Tiempo

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