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Desde hace décadas los satélites que giran alrededor de la Tierra quedan sin combustible y se vuelven inútiles aunque tengan sus sistemas intactos.

«Literalmente es lanzar cientos de millones de dólares por la ventana», dijo Al Tadros, vicepresidente de infraestructura espacial de la empresa SSL, este mes en un foro en Washington dedicado al creciente sector de reparación y mantenimiento de satélites desde el espacio.

En los últimos años, para las nuevas empresas aeroespaciales su principal objetivo ha sido intentar extender la vida útil de los satélites, esperando dar a sus clientes una alternativa más barata a relanzar nuevos.

En 2021, SSL lanzará un vehículo, bautizado RSGS, es capaz de inspeccionar, abastecer de combustible, cambiarle sus partes y eventualmente reparar de dos a tres decenas de satélites en órbita geoestacionaria, a 36.000 km de la Tierra, donde se encuentran unos 500 satélites activos, en su mayoría de telecomunicaciones.

Al Tadros lo describe como un «camión grúa en órbita geoestacionaria»: «En términos financieros, representa una oportunidad muy, muy grande», añadió.

 

Creciente problema de basura

Con estas nuevas naves se podría empezar a resolver un problema que de momento no ha encontrado ninguna solución a corto plazo: los desechos espaciales.

De los 23.000 objetos espaciales contabilizados por el ejército de Estados Unidos, solo 1.900 son satélites activos. El resto (que se desplaza a velocidades de hasta 28.000 km/h) incluye cerca de 3.000 satélites inactivos, 2.000 piezas de cohetes y miles de fragmentos provocados por dos sucesos: la explosión deliberada de un satélite chino por un misil en 2007, y el choque en 2009 entre un satélite Iridium y un antiguo satélite ruso.

Las alternativas han estado de la mano de algunas compañías que quieren desalojar los satélites vencidos de la órbita baja, a menos de 2.000 km de la Tierra. Astroscale, una pequeña empresa japonesa fundada de 2013, desarrolla un sistema de imanes para atrapar y reubicar satélites. La clientela no existe aún, pero su director de operaciones, Chris Blackerby, anticipa que el negocio será «muy viable». Un lanzamiento de prueba está previsto para 2020.

El futuro «remolcador espacial» de Airbus, previsto para 2023, hará descender los viejos satélites a 200 km de altura para que se consuman.

Los gobiernos también tienen responsabilidad en esto, por ejemplo Francia, desde el 2008, obliga a los operadores a «desorbitar» sus satélites inactivos, programándolos para regresar a la atmósfera terrestre en menos de 25 años para que se consuman, explicó a la AFP Laurent Francillout, jefe de seguridad de vuelos espaciales del Centro Nacional de Estudios Espaciales (Cnes), presente en Washington.

Para la órbita geostacionaria, los viejos satélites deben, a la inversa, alejarse de la Tierra a una «órbita cementerio», 300 km más lejos. «Tratamos de promover estos principios» en otros países, dice Francillout.

No obstante, el problema de la basura espacial solo empeorará. El número de satélites en el espacio aumentó 50% en cinco años, según la Satellite Industry Association, y el crecimiento continúa.

Mientras tanto, el debate crece en Estados Unidos sobre la necesidad de una mejor regulación internacional de tráfico espacial, para evitar los accidentes y manejar futuros conflictos.

«No queremos que sea el Salvaje Oeste», dijo Fred Kennedy, director del despacho de tecnología en Darpa, el brazo de desarrollo tecnológico del Pentágono, subrayando que Estados Unidos, con su flota de satélites militares, tiene interés también de establecer buenas prácticas más allá de los límites de la Tierra.

 

Fuente: El Tiempo

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