Fibromialgia, un dolor con el cerebro distinto

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La fibromialgia puede describirse como un dolor regado por todos los rincones del cuerpo que se adoba con insomnio, cansancio, aburrimiento, unas ganas de pelear con todo lo que se mueve y que además no se alivia con nada, ni siquiera con los medicamentos más desarrollados y formulados por los médicos más estudiosos.

Es lo que se llama un dolor crónico que afecta entre el dos y el diez por ciento de la población y que se ensaña siete veces más con las mujeres, al punto que se convierte en un maltrato a la existencia y un impedimento para disfrutar la vida.

En sus causas se han descrito alteraciones neuroendocrinas por compromiso del eje que forman una región del cerebro llamada hipotálamo con las glándulas hipófisis y suprarrenales. También se ha culpado a la escasez de serotonina (un modulador del afecto en el cerebro) a un exceso de factor de crecimiento neuronal y de sustancia P (un neurotrasmisor relacionado con el dolor) en el líquido que baña el cerebro. De igual forma, se dice que el área encargada del dolor en los afectados es más grande y que los mecanismos para inhibirlo son más deficientes.

El cuadro, valga decir, es un verdadero reto para la ciencia médica que lo enfrenta con analgésicos de todo tipo, terapias multimodales que incluyen soporte psicológico, procedimientos e incluso la compleja instalación de estimuladores y moduladores sobre el sistema nervioso, con resultados no siempre efectivos.

Un cerebro distinto

Al observar que este dolor se acompaña de una serie de síntomas que apuntan hacia el cerebro, como insomnio, perdida de memoria, falta de concentración, irritabilidad y dificultad para hablar, los investigadores se han dado a la tarea de escudriñar este órgano en personas con fibromialgia y han llegado a conclusiones un pueden modificar la forma de abordar este problema desde la clínica.

Marco Loggia del Hospital General de Massachusetts y la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard encontraron que en la fibromialgia el cerebro identifica como dolorosos estímulos muy suaves; también vieron que en estos casos las zonas relacionadas con la recompensa (tegmento ventanal) que liberan dopamina y que proyectan alivio, no se activan como en las personas normales, e incluso se desactivan, condición que explica, en parte, porque los analgésicos derivados del opio no sirven en estos pacientes.

Loggia y su equipo también les encontraron una disminución de la sustancia gris periacueductal, una parte del cerebro que prepara al cerebro para enfrentar el dolor y anticipa reacciones que procuran alivio. Al perder esta capacidad de «anticiparse» al dolor este tiende a instalarse y a consolidarse en estas personas.

Por su parte, Lynn Webster, presidente de la Academia Americana de Medicina del Dolor, insiste en esto explica porque las drogas convencionales no sirven y reclama un cambio integral en el abordaje de estos pacientes. El Neurólogo Jonh Kassel, profesor de la Universidad de Ohio (EE. UU.) es más enfático al decir que el mundo médico debe dejar de considerar esta enfermedad como un problema periférico (de músculos y nervios) y enfocarlo como una alteración cerebral que requiere intervención integral con un enfoque diferente.

Enfoques de tratamiento

Las pérdidas de materia gris en el cerebro, la sensibilización de la médula espinal, la alteración en las conexiones entre artes del cerebro y los problemas de activación y flujo sanguíneo son hallazgos comunes en el sistema nervioso de las personas con fibromialgia. Con base en estos, los especialistas en dolor, plantean modelos terapéuticos más específicos.

 

Fuente: El Tiempo

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