Un cambio de perspectiva

Hace poco un coach colega me hizo su disertación sobre lo que para él, luego de varios años de formar equipos de trabajo, le hacia falta a nuestro país: educación, mucha educación, -dijo muy seguro de su aseveración-.

A cada uno de nosotros nos hace falta ver no solo al país desde una nueva perspectiva sino a nuestra vida en general: le dije en tono conciliador para evadir la perspicacia que podría activar automáticamente su sistema de creencias. Reflexivo me pidió que desarrollara la idea, confirmándome que tenía su atención.

Luego de varios años entrenando a personas y ejecutivos de empresas, el abanico de posibilidades que genera la palabra perspectiva irrumpe en la mente humana. Le pregunté: ¿cómo se imagina la educación en el año 2050? El silencio ocupó su espacio por unos segundos y le fue difícil soltar tan solo una idea capaz de romper la fuerza gravitatoria de la conocida zona de confort.

¿A qué tipo de educación podemos apuntar? ¿A la cargada por un computador en algún micro chip neural que de por sí ya existe, tal como lo muestra la famosa película The Matrix a finales de los 90?

Los seres humanos en medio de nuestra loca manera de vivir, hemos sido sordos, ciegos y mudos, como dice Shakira. Percibir la realidad con un nuevo enfoque nos implica incomodarnos y llegar incluso a molestarnos. Pero sí que necesitamos pasar por ahí para volver a ser creativos. Ese es el primer resultado que traería una educación bajo la perspectiva de la creatividad.

A nuestros niños y jóvenes se les sigue formando para una sociedad industrial de hace 100 o más años, más aún cuando ya se habla hasta por los codos de la famosa 4ta Revolución Industrial. Un adulto promedio desactualiza su conocimiento en cerca de un 70% al finalizar sus estudio superiores. Así que ni para qué hablar de la primaria y secundaria.

Entonces, ¿qué clase de educación es la que necesita un país como Colombia?, volví a preguntar, si según un estudio del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento CIPPEC (Buenos Aires, Argentina 2018), tecnologías como la Inteligencia Artificial (AI) podrían aumentar el PIB en 4,3% a 2028 en Colombia, si se tiene la perspectiva correcta para su implementación.

En mis años como coach en comunicación e innovación humana, uno de los mayores retos es educar y guiar a las personas en su desarrollo personal. Educar, enseñar, entrenar, capacitar; pongámosle el nombre que sea, el ser humano necesita descubrir y desaprender por qué actúa cómo lo hace, cómo se comunica, en qué basa su relacionamiento y cómo todo ese sistema de creencias opera de forma poco efectiva en su época actual.

Durante mis sesiones personales acostumbro a preguntar a mis clientes: ¿qué es lo que usted más desea de la vida?, y la respuesta más común es: ser feliz. Entonces para que eso pase se necesita aprender a actualizar su sistema operativo.

La gente no es feliz porque no sabe vivir y no sabe vivir porque no sabe amar.

Una encuesta realizada en 142 países por la consultora Gallup en 2013, reveló que sólo el 13% de las personas son felices en sus puestos de trabajo. En Colombia la cifra alcanza el 26%, seguido de una falta de compromiso con el 61% y un 13% con descontento general.

Hay que enseñar a vivir a las personas. Educarlos en verdades que trascienden los egos y la soberbia de una cultura basada en tener la razón y dificultad en expresar el amor en todas sus facetas. Enseñar el valor de cada uno como individuo ayudará a ver al otro como un semejante, a la empresa como una oportunidad y a la vida como un milagro.

Los colegios, las universidades e incluso las empresas se equivocan al pensar que este tipo de educación es un tema de carácter individual. Todo lo contrario. Si algo nos enseña la innovación -que está tan de moda- es que es posible agregar valor también a la vida de la gente de forma colaborativa y co-creativa.

Me impresiona ver y escuchar a muchos líderes empresariales sosteniendo que el desarrollo personal no es un aspecto estratégico para sus empresas y sí los son competencias técnicas. Sin embargo, al sondear sus dinámicas laborales surge la comunicación como uno de los puntos más débiles de sus organizaciones. Se estima que el 60% de los problemas de una empresa se deben a una mala comunicación.

Si esta habilidad humana es una competencia técnica entonces: !apague y vámonos!, ya que no hay nada más importante en nuestra sique que la comunicación, un tema netamente personal. Solo el 7% de las personas aceptan que no son conscientes del 93% de su comunicación. Entonces es necesario también cambiar la perspectiva sobre las conocidas habilidades blandas.

Si continuamos evitando ver las diversas distorsiones sobre las cuales hemos creado familias, empresas y países, el camino de la innovación empresarial y en especial la humana, será un tarro oxidado que seguirá flotando en medio del estanque de una realidad altamente volátil y peligrosa.

 

Por Wilson Pérez Vélez

Coach en Comunicación e Innovación Humana

@wperezvelez 

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