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Los dos laboratorios científicos que hicieron un estudio sobre las muestras extraídas del cuerpo de Jorge Enrique Pizano, quien era testigo en el caso de los sobornos de Odebrecht llegaron a la conclusión que «El resultado es negativo para cianuro. No se encontró cianuro en ninguno de los tejidos ni en la solución que contenían». Además para evitar dudas el estudio se llevó a cabo de forma paralela en laboratorios acreditados, uno de Ibagué y el otro en Bogotá.

Este viernes por el director de Medicina Legal, quien fue el encargado de dar la conclusión de los laboratorios, Carlos Eduardo Valdés dijo que la causa de muerte sigue siendo la que se determinó en el Hospital de Facatativá: «En esa ocasión, el hospital concluyó que la muerte había sido por un infarto agudo al miocardio»

«Lo más importante es que el instituto en sus dos laboratorios, en forma independiente, no encontró cianuro en los tejidos analizados. Ese es el resultado», reiteró Valdés.

Pizano, de 57 años, falleció el pasado 8 de noviembre, mientras se encontraba en su finca de descanso, a las afueras de Bogotá.

Aunque el dictamen de Medicina Legal sobre Pizano concluyó que su muerte se dio por causas naturales, el fallecimiento de su hijo Alejandro, tres días después de la muerte del ingeniero, aún es objeto de investigación. El domingo 11 de noviembre, el joven de 30 años ingresó a la oficina de su papá y bebió de una botella de agua saborizada que contenía cianuro. Alejandro, según contó su familia, se quejó del sabor del líquido y trató de devolverlo, pero no pudo. Esto le provocó la muerte.

Dadas las condiciones en las que murió Alejandro, quien viajó desde España para las exequias de su padre, fueron las que llevaron a abrir un estudio sobre el fallecimiento del ingeniero, excontroller de la Ruta del Sol II.

«En el caso de la muerte del joven, tanto la sangre como el contenido y líquido de la botella sí contenían cianuro», dijo este viernes Valdés.

Por esta situación, la Fiscalía ya abrió una investigación que permitan establecer cómo llegó esa botella con el mortal veneno hasta el escritorio del ingeniero Jorge Enrique Pizano.

Fuente: El Tiempo

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