Los civiles de Guta Oriental vuelven a casa antes de lo esperado

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Cuando se fue de su casa, Talal Sadik se había preparado para un largo exilio, huyendo del avance del régimen sirio. Pero dos días después ha podido volver a Saqba, una localidad de Guta Oriental, uno de los últimos bastiones rebeldes del país en guerra.

«Gracias a Dios hemos podido volver, terminó rápido», dice Sadik, un hombre de cincuenta años, sonriente a pesar del cansancio y de la ropa llena de polvo, mientras ayuda a su madre a no tropezar con los escombros en la puerta de su casa.

El pasado fin de semana las tropas de Asad retomaron esta ciudad en el marco de la ofensiva terrestre y aérea que empezó hace un mes para retomar el control de Guta Oriental, un feudo rebelde a las puertas de Damasco del que el régimen ya controla el 80%.

En Saqba, centenares de hombres, mujeres y niños caminan difícilmente entra los escombros llevando maletas, bolsas, mantas e incluso almohadas.

Para volver a sus casas, los civiles pasan frente a los tanques del ejército, estacionados cerca de los edificios derrumbados. También se ven tiendas con las fachadas destruidas y montones de cables eléctricos y chatarra.

En una de las calles destruidas por los combates, Helal Abdel Baset está sentado ante una hoguera. «La situación era muy difícil pero gracias a Dios se ha terminado», dice este hombre de unos cincuenta años. «Ya estamos de vuelta contra nuestros vecinos».

– ‘Vida normal’ –

Sin embargo la vuelta de los civiles a sus casas, como en Saqba, son la excepción en Guta Oriental, donde los habitantes de tres zonas rebeldes siguen siendo víctimas a diario de los bombardeos aéreos y de artillería del régimen.

Al menos 70.000 civiles han huido de la zona desde que empezaron los combates, según datos de la oenegé Observatorio Sirio de los Derechos Humanos (OSDH). La mayoría no tienen otra opción que irse a sectores controlados por el régimen, donde les instalan en centros de acogida temporales.

En Saqba, los combates fueron menos violentos que en otras zonas, según una fuente militar, que asegura que hubo un acuerdo con las autoridades locales.

«Una parte de los combatientes se rindieron, otros huyeron hacia sectores vecinos. Los civiles que estaban en los sótanos pudieron volver a la vida normal», indica esta fuente.

Sin embargo, en la ciudad de momento no hay ni agua ni electricidad.

«Queremos reconstruir la ciudad y abrir de nuevo las tiendas», explica Moez, un carpintero de 35 años. Su mujer Basma, de 28 años, vigila a los niños. «Ahora pueden volver a jugar en la calle sin que tengamos miedo», asegura.

Sumaya, una mujer de 54 años, sale de un sótano donde vive junto a otras familias. «No nos hemos ido de la ciudad, nos hemos quedado en el sótano más de un mes sin ver el sol», asegura.

Basam Hamuda, un hombre de 60 años, también está contento de poder ver la luz. «Hemos vivido días difíciles, negros como el carbón» explica, después de haber pasado días enteros escondido en un sótano para huir de los bombardeos.

Según una estimación de la ONU, cuando empezó la ofensiva cerca de 400.000 civiles vivían en Guta Oriental, víctimas de la escasez de comida y alimentos por el asedio del régimen desde 2013.

Fuente: AFP

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