El partido de Orban se perfila como vencedor en las legislativas húngaras

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El primer ministro húngaro, Viktor Orban, ícono de las derechas populistas europeas, se encaminaba hacia un tercer mandato consecutivo, según los primeros resultados parciales oficiales en las elecciones legislativas de este domingo.

El partido Fidesz de Orban obtenía 49,42% de los sufragios con el 81% de las papeletas escrutadas, según la Oficina Nacional Electoral (NVI).

Si el resultado se confirma, supondría un avance del Fidesz y de sus aliados cristiano-demócratas, que en las últimas elecciones legislativas, hace cuatro años, obtuvieron 45% de los votos.

Además, le permitiría hacerse de nuevo con una mayoría de dos tercios del parlamento, como en 2010 y 2014.

La votación estuvo marcada por un alza de participación de siete puntos, hasta el 68,80%, lo que había alimentado la esperanza de la oposición de poner en dificultades al dirigente.

Muchos centros de votación permanecieron abiertos varias horas más del cierre previsto, a las 19H00 (17H00 GMT), ante las largas filas de electores.

El resultado oficial definitivo se conocerá a mediados de semana, cuando se tengan en cuenta los miles de sufragios de los votantes en el exterior.

– Cambios «irreversibles» –

Admirado por las derechas populistas europeas, criticado por quienes lo acusan de deriva autoritaria, el primer ministro húngaro, había expresado su deseo de hacer «irreversibles» las transformaciones que impulsó desde su retorno al poder en 2010, tras un primer mandato de 1998 a 2002.

Admirador confeso del presidente ruso, Vladimir Putin, y paladín de la «democracia iliberal» -como se ha dado en llamar en los últimos años a esta mezcla de culto al hombre, exaltación nacionalista y limitación de ciertas libertades en nombre del interés nacional-, Orban ejerce desde hace ocho años un estilo de gobierno con creciente control sobre la economía, los medios y la justicia.

Durante la campaña, no dejó de agitar el temor de una posible derrota de su bancada, lo que en su opinión equivaldría a un caos migratorio y a una victoria de los «enemigos» que «quieren desposeer» a los húngaros de su país.

La izquierda y el partido de extrema derecha Jobbik había apostado por el hartazgo de una parte de los electores ante las diatribas de Orban.

La oposición hizo campaña denunciando el clientelismo, la decadencia de los servicios públicos y un poder adquisitivo insuficiente que, pese a la baja tasa de desempleo (3,8%), llevó a numerosos húngaros a emigrar del país, miembro de la UE desde 2004.

– Oposición dispersa –

Pero el Jobbik, que ha ido suavizando su discurso, no logró mejorar sus resultados de hace cuatro años, y se situaba en un 20% de los sufragios, según los primeros resultados. La lista de izquierda MSZP-P obtenía 12,13% y la formación ecologista LMP, un 6,69%.

La izquierda había llegado dispersa a los comicios y sin acuerdo electoral perfilado con el Jobbik.

La oposición y muchos observadores internacionales denunciaron que las reformas llevadas a cabo por Orban menoscabaron el Estado de derecho y supusieron un retroceso de los valores democráticos.

El dirigente húngaro también multiplicó los pulsos con la Unión Europea, en particular sobre la cuestión de la inmigración. La UE abrió asimismo procedimientos de infracción contra el gobierno de Budapest debido a las leyes que refuerzan el control del poder sobre las organizaciones de la sociedad civil.

A pesar de su oposición a una mayor integración de la UE, Orban nunca amenazó con abandonar el bloque comunitario. Su país es uno de los principales beneficiarios de los fondos europeos.

Fuente: AFP

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