El ataque químico iraquí de hace 30 años aún envenena Halabja

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Con 17 años, Kamal Jalal vio a sus dos hermanas morir en el ataque químico del ejército de Sadam Husein contra su ciudad de Halabja. Tres décadas más tarde, este kurdo iraquí todavía no fue indemnizado por las secuelas sufridas.

Ahora, con 47 años, vive «bajo respiración asistida durante 16 horas diarias», como consecuencia directa de los gases vertidos sobre Halabja.

«Los médicos me dijeron que perdí el 75% de mis pulmones», declaró a la AFP en su casa, a unos metros de un monumento conmemorativo que señorea esta localidad poblada por 200.000 habitantes y situada en las montañas kurdas, en el nordeste de Irak.

El imponente monumento sobre el que ondea la bandera kurda fue construido en memoria de los 5.000 kurdos iraquíes, en su mayoría mujeres y niños, muertos en el bombardeo con armas químicas del 16 de marzo de 1988.

Como miles de personas gaseadas de Halabja, Kamal Jalal fue atendido por médicos en Irán, cuya frontera se encuentra a una decena de kilómetros.

Irán llevaba ocho años en guerra con el Irak de Sadam Husein y acogió con los brazos abiertos a los kurdos en sus hospitales.

– ‘Indemnizar’ a los supervivientes –

Y ese año fueron muchos. En plena guerra entre los dos vecinos, los principales partidos kurdos iraquíes, partidarios de una autonomía de la región, se habían aliado con Teherán. Y les costó muy caro.

En 1988, Sadam Husein lanzó una campaña represiva que se saldó con cinco mil muertos y decenas de miles de desplazados, además de cientos de pueblos destruidos.

Los supervivientes del ataque químico fueron atendidos en Irán y en hospitales europeos, recuerda Jalal.

Los gastos corrieron a cargo de los partidos y de la administración del Kurdistán, autónomo desde 1991.

Desde el avance del grupo yihadista Estado Islámico (EI) en 2014, las fuerzas iraquíes y kurdas se movilizaron y los viajes médicos cesaron debido a que muchos de los fondos fueron a parar al presupuesto de guerra, lamenta.

Aras Abed, único miembro de su familia en sobrevivir al ataque químico, creó una asociación para ayudar a las víctimas y a sus parientes.

A la cabeza de la organización de lucha contra las armas químicas de Halabja, este hombre de 48 años lucha por una compensación económica para los supervivientes.

«La Corte Suprema iraquí estimó que el ataque químico contra Halabja era un crimen de guerra y un genocidio», recuerda este hombre, que fue testigo contra Sadam Husein en el juicio del caso «Anfal», nombre de la campaña emprendida entre 1987 y 1988 contra los kurdos.

El expresidente iraquí era juzgado por «genocidio» por la muerte de unos 180.000 kurdos.

El dictador derrocado en 2003 por la invasión estadounidense tras haber dirigido el país durante casi un cuarto de siglo ya había sido condenado a muerte por otra matanza y fue ahorcado en 2006, o sea antes de que terminara el procesamiento contra él por «genocidio».

«El gobierno en Bagdad debe ahora indemnizar a las víctimas y a toda la ciudad», recalca Abed.

– Cánceres y malformaciones –

El gobierno regional del Kurdistán iraquí prometió «1.000 terrenos a las familias de las víctimas» para construir en ellos una casa, recuerda. Pero «30 años después del ataque por lo menos 200 familias siguen sin haber visto estas tierras», asegura Abed.

Abderrahman Abderrahim perdió a 48 familiares el 16 de marzo de 1988, día del comienzo de un calvario para este exministro de Medio Ambiente del Kurdistán.

«Hasta hoy todavía hay residuos de los gases de combate propagados en la ciudad, bombonas que no explotaron se encuentran bajo los cimientos de los edificios construidos recientemente», aseguró a la AFP.

Y la contaminación llegó «a los campos de los alrededores de la ciudad», afirma.

Halabja es la zona con más enfermos de cáncer del Kurdistán, añade, y «muchos bebés nacen con complicaciones (médicas) y malformaciones».

Fuente: AFP

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