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Nació en las montañas de Antioquia (4 de febrero de 1923), en la vereda El Morro de la Paila, en Amagá, en una casa de adobe, en la que casi todo escaseaba. Sus padres, Rosendo Betancur y Ana Otilia Cuartas, tuvieron 22 hijos, pero solo cinco sobrevivieron. Él era el número dos y como su hermano mayor (Belisario) falleció, siguieron la tradición y lo bautizaron con el mismo nombre.

Su padre se dedicaba a transportar mercancías con cuatro mulas por las montañas antioqueñas. En esos recorridos, cuando llegaban a las fondas, los arrieros le enseñaron a leer, a escribir y las cuatro operaciones básicas de las matemáticas.

“Me convirtieron en un monstruo, porque a los 4 años sabía leer, escribir y las cuatro operaciones. Eso me destrozó la vida porque me convirtió en el monstruo de la vereda”, recordó en entrevista con EL TIEMPO.

Belisario logró ser aceptado en el seminario de misiones de Yarumal, por influencia de un pariente sacerdote, sin embargo, no pudo terminar su educación media por chocar ideológicamente con los religiosos.

Se trasladó a medellín y cuenta que hizo de todo para sobrevivir. Trabajó en bares del sector de Guayaquil; incluso, cantaba y tocaba el tiple. Tuvo que dormir en el parque Bolívar. “Yo, el ayudante de arriería, cambié de profesión y me volví chapolero; después cambié a vitrolero: era el que ponía los discos de 68 en una anciana vitrola de cuerda que tenía el perrito de la Víctor; y era el que cambiaba las agujas, era algo así como el cantinero o barman, y el disquero o disc jockey, para decirlo con más elegancia”, le dijo a Donjuán.

Finalmente, el joven estudiante logró una beca para ingresar a la Universidad Bolivariana, pero ese beneficio no le cubría la comida ni la dormida, por lo que tenía que rebuscarse la plata. Con tesón y esfuerzo logró graduarse como abogado.

De chapolero a líder

En 1945 se casó con Rosa Helena Álvarez, con quien tuvo tres hijos: Beatriz, Diego y María Clara. También, en ese año ganó su primera elección, como diputado de Antioquia por el conservatismo.

Ya con el título de abogado se desplazó a Bogotá, donde consiguió un puesto en el Ministerio de Educación. En el 51, con apenas 28 años, fue elegido representante a la Cámara por Antioquia y, tras terminar su periodo, logró la reelección, pero por Cundinamarca.

Como miembro de la Asamblea Constituyente convocada en el 53 por el conservatismo, terminó convertido en un duro crítico del general Gustavo Rojas Pinilla, quien dio un golpe de Estado.

“Belisario y otros seis miembros constituyeron lo que se denominó el ‘Escuadrón Suicida’, porque eran la oposición, los únicos que se oponían al general, y en ese momento eso era un suicidio”, contó el exministro Jaime Castro. Eso le costó varias detenciones.

Por aquella época, Betancur también escribía en el diario conservador El Siglo, clausurado por el régimen de Rojas Pinilla. Como respuesta, fundó el semanario La Unidad, con una línea editorial contraria al poder, y la revista mensual Prometeo.

En 1982, tras dos intentos fallidos por llegar a la Casa de Nariño, Belisario fue elegido Presidente. Durante su periodo, en el cual tuvo que enfrentar el terremoto de Popayán, la toma del Palacio de Justicia por el M-19 y la tragedia de Armero, le apostó a lograr la paz. Y aunque lo intentó con todas las guerrillas, esos esfuerzos no prosperaron. “Nunca pensé que algo así pudiera llegar a ocurrir”, escribió en una carta pública, el 5 de noviembre del 2015, cuando le pidió perdón al país por las consecuencias de la retoma del Palacio de Justicia. Y luego dijo que después de su muerte se revelarían documentos sobre esa aciaga jornada.

El exmandatario conservador (1982-1986), recordado por su campaña del ‘Sí se puede’, con la que puso a soñar a los colombianos con una paz negociada, murió este viernes a los 95 años. La Fundación Santa Fe, en Bogotá, donde había sido hospitalizado, informó que el fallecimiento fue a las 2:32 p. m.

Fiel a su promesa de retirarse definitivamente de la política y de respetar a sus sucesores, pidió expresamente no ser velado en el Capitolio ni enterrado en el Cementerio Central, como lo señala el protocolo Con esa misma humildad que planeó su adiós, vivió su niñez: “Soy producto de la cultura del café y la arriería, la pedagogía de cafetales y arrieros malhablados, y del maragogipe y el pergamino de mi papá Toño”, le dijo a la revista Donjuán, de esta casa editorial.

Al final de su gobierno anunció que no iba a intervenir más en política y lo cumplió cabalmente. Después de dejar la Presidencia y de enviudar se volcó a la cultura. “No me retiré de la política, sino que se me retiró la política”, aseguró Betancur, que también fue periodista, escritor y poeta, títulos que nunca aceptó, aunque los ejercía.

Fue una presencia constante en eventos culturales en Bogotá, ciudad que alternaba con Barichara, la población santandereana de arquitectura colonial donde decidió pasar el resto de la vida.

Fuente: El Tiempo

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